COMBATES DE CAGAYAN

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 COMBATES DE CAGAYÁN
Fecha: 1582

Lugar: Cagayán, isla de Luzón
Casus belli:Actos de piratería en territorio del Imperio español
Conflicto Combates navales y por tierra de un escaso contingente español contra un numeroso contingente nipón
Resultado:Victoria española
Consecuencias:Cese parcial de la actividad japonesa en la zona

Beligerantes:
Capitanía General de las Filipinas /Wako
Comandantes:
Juan Pablo de Carrión / Tay Fusa
Fuerzas en combate:
40 soldados /     1 junco,18 champanes,Más de 1000 ronin’s
1 galera
5 embarcaciones pequeñas de apoyo
1 navío ligero
Bajas
10-20 /   la gran mayoria de efectivos

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Los combates de Cagayán son una serie de batallas que tuvieron lugar en 1582 entre la Armada Española de Filipinas al mando del capitán Juan Pablo de Carrión, y piratas japoneses liderados por Tay Fusa. Estos enfrentamientos tuvieron lugar en las proximidades del río Cagayán como respuesta a los saqueos japoneses de las costas de Luzón y se saldaron con la victoria española.

   El suceso tuvo la particularidad de enfrentar a arcabuceros, piqueros y rodeleros españoles contra este contingente nipón, en su mayoría ronin (samuráis sin señor), y en menor medida, ashigaru (soldados rasos)nipones.

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Guerreros Samurais

Historia:

  Corría el Siglo XVI, y el Imperio Español, hacia la segunda mitad del mismo, gozaba de su época de máximo esplendor, extendiéndose hasta la zona de Asia-Pacífico.

En 1521, el explorador Fernando de Magallanes tomó posesión de las islas Filipinas en nombre de la corona española, aunque el primer asentamiento español cómo tal data de 1565, cuando se fundó la ciudad de Cebú.

   La colonización española duró más de tres siglos, desde 1565 hasta 1898, año en el que España cedió sus últimas posesiones en Asia por la guerra hispano-estadounidense. Durante este largo período, España realizó numerosas expediciones al océano Pacífico desde América, resultando en la exploración y descubrimiento de numerosos territorios.

  Los territorios controlados en el pacífico por la Corona Española a finales del siglo XVI incluían las Islas Filipinas, Guam y las Islas Marianas, así como Palaos y las Carolinas.

   Pero el control de estos territorios nunca fue tarea fácil. En este caso en concreto, a las ya habituales maniobras desestabilizadoras anglo-holandesas, había que sumar la situación del archipiélago y la proximidad de dos poderosos vecinos como eran China y Japón, cuyas costas estaban infestadas de piratas, a los cuales no pasó desapercibida la nueva época de prosperidad colonial en la zona.

  Ya por los inicios de la colonización española, el pirata chino Limahong fue perseguido por los españoles ganándose así éstos la confianza de las autoridades costeras chinas con el objetivo de mantener fructíferas relaciones comerciales.

 

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Navío de los Wokou

 

   Los primeros asentamientos japoneses en Filipinas habían sido realizados por los wokou, unos piratas muy activos en las costas de China desde el inicio de la dinastía Ming. Su actuación se intensificó de nuevo en el siglo XVI alcanzando también las Islas Filipinas, aunque para entonces bajo el nombre de wokou se debería incluir también a los piratas chinos.

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Wokou o piratas chinos

 

No obstante, la primera noticia de la actividades de los “wokou” en las posesiones españolas se produce en 1573 cuando Diego de Artieda envió un informe al rey en donde señalaba relaciones comerciales regulares entre Japón y Luzón. Dos años más tarde, en 1575, Juan Pacheco de Maldonado era más explícito al señalar que los japoneses llegaban cada año a Luzón para intercambiar plata por oro.

Sin embargo, las noticias que llegaron poco después, en 1580 y 1581, eran más alarmantes, describiendo actos de piratería y esclavitud contra la población local.

El gobernador general escribió a Felipe II el 16 de junio de 1582:

“Los japoneses son la gente más belicosa que hay por aquí. Traen artillería y mucha arcabucería y piquería. Usan armas defensivas de hierro para el cuerpo. Todo lo cual lo tienen por industria de portugueses, que se lo han mostrado para daño de sus ánimas.
Carta de Gonzalo Ronquillo de Peñalosa gobernador de Filipinas al rey, del 16 de junio de 1582 (Archivo General de Indias,FILIPINAS,6,R.4,N.49

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Felipe II

 

   Se encargó enmendar la situación a Juan Pablo de Carrión, hidalgo y capitán de la Armada. Carrión se hizo con la iniciativa y, gracias a la superioridad técnica de los barcos occidentales, cañoneó con facilidad un buque japonés en el mar de la China Meridional hasta obligarlo a retirarse.

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Juan Pablo de Carrión, hidalgo y capitán de la Armada

 

La respuesta pirata llegó a través del cabecilla Tay Fusa (también referido como Tayfusu o Tayfuzu), que navegó rumbo al archipiélago filipino con 10 navíos.
Para contrarrestarlo, el capitán Carrión consiguió reunir 40 soldados españoles armados hasta los dientes y 7 embarcaciones: cinco bajeles pequeños de apoyo, un navío ligero (el San Yusepe) y una galera (la Capitana).

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Galera (la Capitana)

 

   Al pasar por el cabo Bogueador la flota descubrió a un junco japonés que acababa de arrasar la costa y había tratado con extrema dureza a los habitantes.
Aunque el barco japonés era mucho mayor y los japoneses superiores en número, la Capitana acortó la distancia para interceptarlo.
Los españoles prepararon los cañones de la crujía y los falconetes y sacres de cubierta y los hombres se cubrieron con sus capacetes y prepararon sus picas, arcabuces y hachas de abordaje.
Cuando la Capitana alcanzó al junco le lanzó unas ráfagas de artillería que destrozaron el casco y dejaron la cubierta llena de muertos y heridos.
Posteriormente el galeón se enganchó al barco japonés y los españoles llevaron a cabo un abordaje. En la cubierta del barco, al ser los japoneses superiores en número, los españoles no podían apenas avanzar.
Carrión, con su media armadura de acero, con la celada bajada, intentaba abrirse paso con su rodela y coordinaba el ataque con el resto de sus hombres.

   Los rodeleros españoles debieron verse entonces contra auténticos samuráis japoneses, con las armaduras propias y armados con katanas. Como los japoneses contaban también con arcabuces, que les habían sido provistos por los portugueses, y como eran superiores en número, la batalla tuvo que continuar en la propia cubierta de la galera.

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Soldados españoles

 

   Lentamente, como si combatieran en un campo de batalla de Flandes, los soldados de Carrión formaron una barrera con los piqueros delante y arcabuceros y mosqueteros detrás y comenzaron a retirarse hacia popa.
Carrión cortó entonces con un tajo de su espada la driza de la verga mayor, que cayó de golpe atravesada sobre el combés, creando una trinchera.

   Rápidamente, los mosqueteros y arcabuceros se parapetaron tras ella lanzando una ráfaga de balas que causó entre los japoneses decenas de bajas. Tras esto saltaron sobre el enemigo los piqueros y rodeleros.

   En ese momento llegó el San Yusepe, que lanzó una ráfaga de artillería contra el junco acabando con los tiradores japoneses que desde aquella nave hostigaban a la galera española. En ese momento los japoneses se batieron en retirada y saltaron al agua para intentar llegar a nado a la costa.

   Entre las bajas del combate estaba Pero Lucas,un curtido combatiente. Aunque las armas de fuego fueron decisivas en la victoria, también lo fue la mejor calidad de las armaduras y armamento español.
La flotilla continuó por el río Tajo (nombre del río Grande de Cagayán) encontrándose una flota de 18 champanes, abriéndose paso con sus culebrinas y arcabuces. Cinco Horas después, Carrión dejaba atrás los buques con cerca de 200 japoneses muertos o heridos.

    Desembarcaron en un recodo del río para atrincherarse cerca de donde estaba el grueso de las fuerzas enemigas y colocaron en dicha trinchera los cañones desembarcados de la galera, con los que continuaron haciendo fuego contra el enemigo. Los wokou decidieron negociar una rendición y Carrión les ordenó marcharse de Luzón.

   Los piratas pidieron una indemnización en oro por las pérdidas que sufrirían si se marchaban, a lo que siguió una rotunda negativa de Carrión y los japoneses decidieron atacar por tierra con 600 soldados.
La trinchera aguantó ese primer asalto, al que siguió otro. Como algunas picas eran arrebatadas por los japoneses los españoles pusieron sebo en la madera para que resbalaran y fueran más difíciles de agarrar.
Los que intentaban sin éxito agarrar las picas estaban a merced de los hombres de Carrión, y eran ensartados y despedazados por piqueros y alabarderos.

   Tras una tercera embestida, que prácticamente entró en las trincheras, y sin apenas pólvora, los 30 soldados españoles que quedaban lograron resistir y derrotar al enemigo, para luego lanzarse contra él, provocando una huida en la que eran acuchillados.

   Muchos japoneses se salvaron de las espadas españolas ya que, al ser sus armaduras más ligeras, podían correr más rápido.
Los españoles entonces se hicieron con las armas japonesas que habían quedado sobre el campo de batalla como trofeo, lo que incluía katanas y hermosas armaduras.

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Katanas y armaduras japonesas

 

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Espadas de los combates

 

  La esgrima europea había demostrado ser mejor que las artes marciales japonesas y las espadas de acero toledano mucho más resistentes y útiles que las katanas.
Las armaduras japonesas fueron perfeccionadas con estilo europeo, añadiéndoles petos metálicos.Pacificada la región, y ya con refuerzos, Carrión fundó en la zona la ciudad de Nueva Segovia (hoy Lal-lo).

   La actividad pirata aún quedaba de manera residual y de modo comercial en la bahía de Lingayén, en Pangasinán, muy centrada en el puerto de Agoo y consistía en el comercio de piel de ciervo.

En cualquier caso, los japoneses se fueron para no volver, y salvo incursiones esporádicas, los españoles consiguieron acabar con los asentamientos de piratería chino-japonesa en la zona.

   La historia tradicional japonesa cuenta que sus guerreros fueron derrotados por unos demonios, mitad peces mitad lagartos, llegados en unos grandes y extraños barcos negros.

   Estas criaturas salían como bárbaros de la mar y atacarles tanto en tierra como en mar era un asunto peligroso y casi suicida…

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Una respuesta

  1. I’m not worhty to be in the same forum. ROTFL

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